OPINION

02/11/2016

Castigo a las Políticas de Siempre


Existen múltiples razones para la desafección política notada en las últimas elecciones, dos de las cuales se ignoran sistemáticamente. Se ve en todo el mundo una protesta generalizada antiestablishment por la crisis económica mundial de 2008, que dejó en evidencia lo poco que ha aumentado el estándar de vida de la clase media en términos reales. A nivel internacional, se han fragmentado los partidos políticos tradicionales y se han ofrecido soluciones populistas y/o radicales.

Si bien el efecto de esa crisis en Chile fue limitado, el significativo avance que trajo el desarrollo reciente ya no satisface las expectativas de una clase media emergente, más educada y mucho más exigente. El desarrollo sin equidad en educación, salud, trabajo, previsión, política y género, entre otros, genera desafección del electorado y rechazo de la política. Esta desafección es parte de un modelo de desarrollo global basado en economías abiertas y responsabilidad individual, que no condice con los intereses colectivos y el capital social requeridos por una democracia participativa e inclusiva. Por lo tanto, pensar nuestra desafección política como un fenómeno local es ingenuo.

Un segundo fenómeno, sin embargo, sí es local. Entre el desarrollo económico de Chile y su desarrollo político e institucional se ha generado una brecha evidente. Las élites han gobernado con malas prácticas (clientelismo, nepotismo, amiguismo, redes de lealtad personal y procesos políticos que se entrelazan con los negocios) y mediante instituciones informales (cuoteo político, acuerdos a puertas cerradas, prácticas de financiamiento de campañas) que el electorado ahora rechaza. Varias de estas prácticas fueron castigadas en estas elecciones con la pérdida de municipalidades que no realizaron primarias o con la derrota de alcaldes cuya probidad se cuestiona o cuyas malas prácticas eran evidentes. Además, la tendencia al éxito de candidatos independientes, con proyectos políticos novedosos y sinceros, sigue y aumenta.

Es fácil echarle la culpa de todo esto al gobierno actual. En realidad, el electorado está castigando las políticas de siempre de las últimas décadas. Cuando se revela cómo funcionan las instituciones informales en la política, y cuando los excluidos de estas políticas se independizan, esto genera una sensación de inestabilidad política que induce a la desafección. Si además las reformas atentan contra los intereses de las élites tradicionales, que por lo tanto las cuestionan —incluida la propia coalición de gobierno—, la sensación de inestabilidad y desafección política se agudiza.

Se puede acusar al gobierno de Bachelet de mala ejecución de sus reformas, pero en el largo plazo éstas profundizarán nuestra democracia, la harán más transparente y atenuarán la extensión de las malas prácticas y el alcance de las instituciones informales.


Kirsten Sehnbruch
Instituto de Políticas Públicas UDP
Investigadora Asociada COES